En esta recorrida por los personajes que hacen a la identidad de nuestro pueblo, Flash Costelho se acerca a esas historias que conocemos, pero que vale la pena destacar.
“Clientes fieles, gracias a Dios. Mucho repartidor, mucho proveedor, mucha gente de laburo que sale temprano a la mañana y saben que el pancito con chicharrón está calentito acá sobre la ruta 40”, cuenta Raúl. Hace casi tres años que sostiene su puesto: “Estamos ahí desde hace dos años y medio, tres años más o menos. Arrancamos para el mundial aproximadamente”
No fue inmediato. “Después andaba el loco con la radio en la oreja por la ruta, caminando yendo y viniendo”, recuerda entre risas. Con el tiempo, la perseverancia dio resultados: “Con la constancia logramos una clientela, logramos una continuidad de éxito y pusimos un techo. Dijimos, salimos con 20 paquetes diarios, así que los primeros 20 afortunados que llegan a la canasta se llevan el paquetito todas las mañanas”.
Para Raúl, la clave es clara: “Acá el éxito no se logra solamente con la calidad del producto, sino con la constancia. La constancia es el éxito asegurado”.
Detrás de cada pan hay también una decisión de apostar por lo local. “Preparo los chicharrones, compro acá en el pueblo, por eso siempre digo el consumo interno, compro en el pueblo, le compro a las carnicerías del pueblo. De ahí me lo llevo hasta la chacra, en la chacra cocino los chicharrones y a la mañana siguiente me levanto y hago el amasijo con toda mercadería que compro acá en la localidad”. Harina, levadura, condimentos: todo forma parte de un circuito que vuelve a la comunidad.
Desde Flash Costelho seguimos recorriendo historias como la de Raúl, acercándonos a quienes, con esfuerzo diario, sostienen la economía y el espíritu de nuestro lugar. Porque visibilizar el trabajo local también es una forma de acompañar y fortalecer lo nuestro.